EEUU I, (Eureka, Browning, Bozeman) 940k, 6270m+
Cruzar las Rocosas de oeste a este era mi siguiente propósito. Si la carretera elegida para hacerlo estuviera en un parque nacional, el de los Glaciares en este caso, mayor aliciente. Si la distancia del puerto fuera de mas de veinte kilómetros continuos de subida y su desnivel fuera de mas de mil metros y la cumbre supera los dos mil, esto ya empezaría a sonar a etapa de Tour de Francia. Todas estas características las reúne la carretera “Go to the sun”. Es una de esas ascensiones que ningún ciclista quiere perderse.
La salida de Canadá fue rápida, seguía con Sharon y no rodábamos, volábamos. Seguí saboreando los madrugones, las altas velocidades, las tardes de piscina y crema para el sol. Hacíamos un tándem irrepetible (si nos pilla el Reynolds de Arroyo nos ficha). Los metros corrían en el cuentakilómetros a la misma velocidad que lo hacen los símbolos de las cerezas en una máquina tragaperras. En el llano nos relevábamos, en las bajadas tiraba ella y las subidas eran cosa mía. Llegamos a hacer 100 km en menos de cuatro horas, algo impensable para mi cuando rodaba solo. Haciendo cálculos me levantaba a la misma hora que lo hacía en mi último trabajo, alrededor de las seis treinta, a las siete treinta currando/rodando y a eso de las once cuando allí acababa de entregar el informe diario, aquí acababa de rodar cien kilómetros. Que cansa más??
El cruce de la frontera con Usa ya os lo sabéis. Al otro lado me esperaba Sally y Jon, en su cabaña ubicada en medio del bosque y con sus bombones de cacao traído de Ecuador. Pasaban los días y necesitaba estar solo (cosa cada vez más complicada de conseguir). Así que a mi llegada a Whitefish, entrevista con el señor del camping.
- Y tú de dónde eres?
- Madrid, Spain
- Ahhh Madrid; provincia de Montana, entonces tienes precio especial.
Así son por estos lares, amabilidad suprema con el esforzado y buenas tazas de café compartidas por la mañana. Por fin Abisinia y yo solos. Conseguí mi soledad deseada, y lo celebré con una cenita para uno. También descanse para recuperar fuerzas y hacer trabajo de oficina. Cada vez son mas las cosas a hacer con esto del internet y además debía planificar el viaje ante el recorte de días en mi visado.
Camino de PN de los Glaciares lleve conmigo lo de siempre. Cuando aparece un nombre con mayúsculas en el mapa, yo me lleno las alforjas llenas de lluvia. Un mes y medio sin llover, allí estaba yo para solucionarlo. En el camino, ya casi de llegada, cuando me cuestionaba que era peor, la lluvia o el viento?, me encontré con dos pumas en medio de la carretera. Joder que cague!!!, me baje de la bici y cogí mi espray antiosos para ponérmelo en bandolera, con el seguro quitado. La conclusión a la que llegue a través de la experiencia fue que el viento y la lluvia juntos es lo peor. Llegada al camping y madrugón para cruzar el paso. Una hora debatiendo dentro del saco si montar todo en la bici y salir con la lluvia torrencial o esperar al próximo día. Esperar fue la decisión. Día de lindos paseos por el monte con la guarda del camping y toma de fuerzas para la etapa del día siguiente.

Me desperté de nuevo a las seis, la carretera la cierran para ciclistas de once a cuatro, debido a su estrechez. Me vestí de ciclista, me puse mi maillot de las grandes ocasiones y con un punto de ilusión quinceañera me dirigí hacia el coloso, que ilusión. La subida es de veinte kilómetros en los que superas algo mas de mil metros de desnivel sin un solo descanso para las piernas. El desnivel es constante, supongo que alrededor de un 5%, porque en ningún momento tienes una gran pendiente o un falso llano donde tomar aire. El paisaje podéis imaginaros, revueltas, barrancos, curvas de herradura y todo esto rodeado de grandes paredes cubiertas de hielo. Esta ascensión me hizo comprobar en qué estado de forma estoy y que un día de descanso hace milagros para tus piernas. Lo ascendí con plato mediano y con reservas para hacerlo a mayor velocidad, se van notando los kilómetros en mi cuerpo. Contado de este modo puede parecer una de esas etapas de tarde de verano en las que Chozas así como el que no hacía nada se llevaba un triunfo de etapa en el Tour. Una de esas etapas que te hace sentir ciclista, que ilusión. Pero una vez mas no podía ser todo perfecto. A mi llegada a la cumbre, empieza a soplar un viento helador y lo siguen los primeros copos de nieve. La temperatura no deja de bajar y ya estamos por debajo de cero y……..la nieve se convierte en granizo. Unos operarios ante mi llegada cambian el nombre del cartel del puerto, ahora se llama “Go to the snow”. Rápidamente comienzo la bajada y al kilometro me paro dentro de un túnel. La carretera se cubre totalmente de nieve y la situación se torna cada vez mas peligrosa. Decisión, reanudar la marcha. El casco que hasta el momento no me había protegido de ningún golpe tuvo trabajo con las balas de granizo. Bajada heladora, arriesgada, para no repetir. Pero esto no fue todo el día debía de continuar. Una información errónea recibida en perfecto castellano me llevo a rodar cincuenta km mas con su correspondiente desnivel para llegar a la ciudad “maldita”. La etapa idílica se convirtió en otro etapón de más de cien km, mas de mil setecientos metros de desnivel y con temperaturas bajo cero. Etapa reinona hasta el momento de este viaje.

Llegue a Browning, capital de la reserva india de los Piesnegros. Si los de las películas, pero ahora van en coche y visten pantalones vaqueros. Todo el mundo me decía, no vayas a dormir allí, no hay camping, es una ciudad muy sucia e insegura. Y es que los “blanquitos” en general tenemos miedo, tenemos miedo a lo desconocido, tenemos miedo a todo lo que pasa detrás de nuestra puerta blindada o mas allá del cierre centralizado de nuestro coche. Cuando vemos algo diferente no pretendemos conocerlo, lo juzgamos y rechazamos. Es mas fácil. A mi llegada, no sin cierto respeto, fui recibido por personas como nosotros, personas con una extremada amabilidad y simpatía. Me guiaron con un coche hasta el camping y una vez allí me recibieron ofreciéndome el cuarto de la lavandería para mi uso. Había hecho mucho frio y llovido las noches anteriores y allí estaría mejor que en la tienda. Así fue, gracias Elisa.
"Sólo lo desconocido aterroriza los hombres, pero lo desconocido deja de serlo para quien lo encara"
Saint-Exupéry
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Contraste en mis fotos, mas contraste en sus vidas. |
Los siguientes días fueron días de ranchos, Montana es tierra de cowboys. Fueron días de calor, a eso del mediodía ya cantaba la chicharra y podías escuchar las alas de los saltamontes emulando el sonido de las castañuelas. Fueron días de viento y es que cuando Eolo se pone a currar que duro es. Fueron días de ciento veinte kilómetros, según los planes (que poco me gusta llevar el tiempo medido) debía de llegar a Yellowstone en cinco días. Fueron días de rodar sobre una patata ondulada Matutano, el color de la paja seca y la silueta que dibujaba la carretera sobre el terreno así me lo hacía creer. Y siempre, siempre bajo la atenta mirada de las Rocosas que me escoltaban en paralelo a mi camino, sin perderme de vista, colocadas allí como si alguien hubiese olvidado recoger el esqueleto de un enorme dinosaurio. Omnipresentes.
Esto se extiende, pero es que no veas que intensidad de días y me dejo mucho. Esta bien, sigo.
La llegada a Bozeman, pueblo grande cerca del parque de Yellowstone, debía de ser momento de reposo. Las carreteras se habían convertido en Matutano clásicas, sin ondulación y había que descansar de los etapones anteriores, seguía con mis ciento veinte km pero mas sencillos. Cuando me quedaban treinta km para llegar, aprovechando un banco a la sombra llamo a la pareja que me iba a acoger, Jany & Carl, y de paso hablo con casa. Mi madre me informa que esta en la procesión del Santísimo Cristo de la Indulgencia, patrón de las fiestas del pueblo, al cual mando recuerdos, ante el “anda y que dios te perdone” de mi madre. Cuando cuelgo un hombre estaba esperando para hablar conmigo. Era Tomas, americano que había vivido doce años en España y concretamente en Madrid gran parte de ellos. Comienza la conversación y al rato anulada la llegada a Bozeman, me quedo en Manhatan con esta familia. Tomas y su mujer son Evangélicos, y han creado iglesias por varios países del mundo. Intensa e interesante conversación mostrando dos puntos de vista opuestos desde el respeto. Después de una cena con tortilla de patatas, casi se me saltan las lagrimas, llego otra sorpresa. En el jardín, donde acabábamos de cenar, descubrieron ante mi un enorme jacuzzi. Se fueron a ver la tele (semifinal de factor x) y me dejaron un par de horas bajo el cielo estrellado coronado por la luna creciente. Que os puedo decir… ahí si que sentí que venía dios a verme. Gracias Lori, gracias Tomas. En el camino desayuné con Nicolás, dueño del bar del pueblo, gran tipo y conocí a Carlos, valenciano afincado en Montana hace tela de años. Compartimos buen momento, buenos cocktails y un poco de patria. Llegada a Bozeman, intensidad en la agenda, cenas, fiestas en casas de amigos, cocino mi primera tortilla de patata, compras para los siguientes días en las montañas, puesta a punto del equipo, esto es un frenesí.
"Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual, puesto que a ellos pertenece el reino de los cielos"
(Mateo 5:3)
Desde aquí quiero hacer un llamamiento. Si alguien tiene el móvil, la dirección de correo, lo que sea del dios Eolo, por favor, enviármela. Tengo que hablar con él. Eso sí, tiene un buen convenio, a eso de las seis de la tarde deja de currar todos los días. Bueno me voy que a cualquiera que le diga que tengo prisa no se lo cree y los de Yellowstone me están esperando.
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"I was born under a blood red sky" |
Desde mi cielo, desde el cielo sangriento de todos los guetos, un abrazazo amigos.