ENCONTRANDO EL SUR II

Metraje: 480 días aprox. Nac: Mundana, Genero: Realiti de aventuras, Catalogada: No recomendada a familiares cercanos.

Si hay algo que une a todos los seres humanos es el deseo de ser felices. Esta voluntad es el motor que activa y determina muchos de los pasos que van a dar Abisinia y Van Birloq en este largo viaje.

La falta de esperanza comienza a recortar sus sueños. Aburridos de esperar y de seguir esperando, de que nada cambie y de que nada venga, deciden perder el miedo a la vida y comenzar a trazar el boceto de su destino. Juntos parten en un viaje que les lleva a recorrer el continente americano restándole importancia al que y dándosela al como.

Este documental reúne la sabiduría y experiencias personales de esta ecléctica pareja en torno a un tema tan universal como es la búsqueda de la felicidad.

El sol de Rio Negro, edición de la mañana.

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domingo, 1 de julio de 2012

Titiritero allez hop



Ecuador II (Cuenca, Vilcabamba, Zumba, Jaén) 331km, 4940 m+

De aldea en aldea
el viento lo lleva
siguiendo el sendero.
Su patria es el mundo
como un vagabundo
va el titiritero.

                                                     Serrat. Titiritero


Las primeras luces del día se cuelan de puntillas por la ventana de la cocina. Su reflejo, absorbido por el adobe, espabila el rostro de una madre. Un rostro agotado por la incertidumbre. Toda la noche aferrada a  ese teléfono que mantiene entre sus manos, amenazándole con la mirada, diciéndole; “suena de una maldita vez”.
El padre tras la cortina que lo separa del cuarto contiguo,  ha fingido dormir toda la noche. Con esfuerzo consigue enderezar su cuerpo cansado y empujarlo fuera de la cama. Agarra el balde, hay que ordeñar las vacas, ellas no tienen culpa de nada piensa. Tras un áspero buenos días esconde la preocupación que ya le pesa demasiado. Ha pasado por esto muchas veces, es el cuarto hijo que abandona la aldea camino de Estados Unidos.
Un poco mas abajo, pasando el horno donde se cocían los ladrillos, adelantito recién cruzado el rio, donde ayer resbaló el Kevin regando el cuenco de leche por el suelo. Allí, una esposa espera la misma llamada. Se distrae cocinando un desayuno en el que se entremezclan humo de leña y pesares. Las púas del peine han marcado simétricos surcos sobre sus cabellos mojados, ahora los tres pequeños están listos para partir hacia la escuela. El Kevin va con el jersey puesto del revés. Sus manos están acá, su mente con el coyote.
Hace cuatro días Juan llamo anunciando que estaban preparados para cruzar el desierto. Esa llamada pudo ser una despedida.


La historia no es nueva y durante años se ha repetido por estos valles en los que me encuentro. Esta zona del Ecuador es una zona de migrantes. Miles de ellos salieron de sus casas hacia un destino incierto con diferentes suertes. Ahora encuentras comunidades en las que se mezclan las casas de adobe con las desproporcionadas mansiones mandadas construir desde la lejanía. Casas que normalmente no son habitadas hasta la vuelta del hombre de la casa, casas a medio terminar porque la crisis le dejo sin uno de los dos trabajos que tenia. Casas que lo único que intentan es mostrar al vecino la ostentación del que ha ganado dinero.

                                                   “Aparentar tiene más letras que ser.”
                                                                                               Karl Kraus.

Ricas las humitas.

Jaime nos acoge en su casa. Vive en una comunidad indígena bastante alejada, en medio de la montaña. En Parcoloma y junto con su familia tienen un proyecto de turismo con el cual pretenden que la comunidad sea  autosostenible con los ingresos del turismo, de la agricultura y la ganadería.


Aquí pasamos unos días en contacto total con la vida rural. Viven de lo que generan con su trabajo y la tierra les devuelve. Poco necesitan del exterior. Nosotros algo mas, el perro nos roba el azúcar, la sal, la avena……….., y nos condena a comer arroz con cacao por dos días.


En el camino, llegando a Cuenca nos encontramos con Alejandra, ciclista profesional que me brindó su ayuda para intentar reparar la rueda trasera que no deja de partir radios. Excelente trato y recorrido por la ciudad con ella y Juan, su “enamorado”. Gracias por la mano que me echasteis.


Me encuentro solo por un día, vuelvo al silencio olvidado. La tenue luz del farol envuelve la habitación y me trae de nuevo la paz de la soledad. Nos abrazamos como dos amantes en el rencuentro, enredados en un olor a sabanas limpias. Las primeras en un mes.


Me dirijo hacia el Perú, estoy cerca, pero antes he de cruzar el valle de la longevidad. En Vilcabamba la gente es conocida por el largo tiempo que pasa en este mundo. Son personas longevas y esto se achaca a la climatología y paz del valle.  Algunos lo llaman Gringobamba, por la gran cantidad de americanos que se han venido a vivir a esta zona. Este ambiente nos hace sentir un poco en casa, a la noche gente por los bares, unas cuantas cervezas frías, un helado y remato cenando en el chino. Mi resfriado me da un toque de atención, noche de diarrea y al camino. Seguro que este no es el secreto de la longevidad.


Ya estamos por empezar una de las temidas y gloriosas carreteras, esta no tiene un nombre espectacular, un frio “ramal 4 de la panamericana” es su denominación, pero va a ser dura. Nos llevara a Perú cruzando de nuevo la Cordillera, con varios pasos si no elevados si duros por su trazado y con muchos kilómetros sin asfalto. Salida con el respeto que implican todos los mensajes recibidos de los compañeros respecto a lo severo del recorrido, vamos a ver como va la épica esta semana. Para salir empezamos con lluvia, y seguro que el barro hace presencia.


Desde el primer momento me doy cuenta que no estamos entrando en el corazón de los Andes, esto son las entrañas de los Andes. Poco a poco me han envuelto las montañas,  miro de izquierda a derecha, retuerzo el cuello buscando otra dimensión, una escapatoria. Estoy rodeado. Una línea blanca se dibuja rasurando la vegetación y se la ve perderse allá a lo lejos. Son las migas Pulgarcito, es el camino a seguir.

Como le gusta a Clemente.

Poco a poco, muy poco a poco, remontamos los montes para enfrentarnos al último del día, al gigante. Es la Cordillera la que debemos de cruzar, y cuantos mas nos acercamos mas se complica la meteorología. Las nubes están atrapadas, enzarzadas en sus 3400 metros de elevación y rápidamente nos cubren para lentamente, con toda la paciencia del mundo, calarnos hasta los huesos. La tarde llega y aconsejados por el frio y la humedad  decidimos alojarnos en un contenedor de mercancía que hay en un lateral de la carretera, en el alto del puerto. Allí tenemos el agua de una cascada  cercana y un techo con ventanas rotas para cobijarnos.


“Me siento preso de la montaña, rehén de su goce, esclavo de sus repechos, esa trampa en la que caigo una y mil veces. El agotamiento será el único antídoto que me pueda enviar hacia terrenos mas planos, que me haga abandonar estos parajes de  tierra contraída, espacios que me atrapan por su belleza, su soledad, su energía.”
                                                                                                                  Del diario de Van Birloq.   
   
Consumida la noche, amanece con ropa húmeda y un potente desayuno lo más caliente que acepta nuestra lengua antes de quemarse. Tomamos la decisión de partir bajo la incesante lluvia que lleva horas acompañándonos. Doce kilómetros de bajada acaban por dejarme agarrotado. Bajo esperanzado por llegar al valle a la busca del calor y sequedad, error. Aquí empieza un tramo en obras, son trece kilómetros destrozados por la maquinaria pesada que los transita. En ellos deberemos de cruzar ríos agarrados a las puertas de los camiones mientras los obreros con botas de agua se encargan de cruzar las bicis, donde nadaremos en barro para poder salir de lo mas parecido a las arenas movedizas, donde una estrecha e inestable tabla nos servirá de cuerda sin red para cruzar quebradas que anegan la ruta, donde los deslizamientos ocasionan enormes lenguas de arena que bajan del monte y unidas a las lluvias de los últimos días forman una  emulsión chocolateada cubriendo el camino. Todo esto y mucho mas provoca que la mecánica de Abisinia diga basta y a menos de un kilometro del fin de esta tortura el cambio trasero se engancha entre los radios reventando todo a su paso. La lluvia decide que este es el momento de reaparecer.


Aquí en medio de la nada llega nada, olvídate de repuestos y avisa a tu ingenio. Eso si,  el alcohol no falta. Ayer fue el último día de fiesta de San Juan y hoy todavía quedan cuerpos pagando el exceso dormidos en las calles, en difícil equilibrio sobre las sillas de las cantinas…… un verdadero espectáculo.


Tras toda una tarde de trabajo y ajustes mañana podré salir con solo dos piñones en funcionamiento, sin freno trasero y con la rueda de atrás hecha un ocho. Poco a poco mejora la ruta, pero un incesante ruido en la bici del Arturo nos hace parar, acaba de romper el soporte del trasportín trasero. Tiene suerte, lo rompe en la puerta de un taller, un hombre nos hace pasar y le sueldan la pieza. Mi cambio en cambio sufre, le he de atar una cuerda hasta una alforja, lo cual me permite rodar una hora mas pero con la llegada de la cuesta dice basta. Después de muchos intentos e inventos he de decir “hasta aquí”, no puedo seguir. Que duro aceptarlo cuando estas rodeado de un paisaje tan lindo y sabes que lo que te espera dentro de esta de selva tropical será más lindo aún. Arturo me mira con cara de “trata de arrancarlo, Carlos”, pero se que ya es imposible. Me quedo como si a falta de una etapa portando el maillot amarillo has de abandonar la carrera. Otra lección del viaje ante la que me rindo con toda la humildad posible. Paro un camión, subo la bici y adiós al tour, al menos por hoy.


En Zumba me encuentro con el dicho de “Esta tu padre? Si, pero esta borracho.” Pues lo mismo, hay una tienda de reparación de bicis pero el dueño ha decidido cerrarla de martes a viernes porque si. Ahora debo de asumir que he de cruzar la frontera con el Perú para llegar a Jaén donde me esta la familia Obando con una semicasa de ciclistas y espero que con repuestos para la bici.



Caído del cielo aparece subido en un camión el Arthur. Tras el cristal le veo en esta ocasión con la misma cara que la sota de espadas, me confirma una mala noticia. Bajamos la bici de “su“ camión y veo el cambio trasero reventado, sin posible reparación. Increíble los dos con la misma pieza rota. Las vísceras andinas nos han regurgitado, nos evacuan de su interior.


Una chiva (camión de transporte) nos lleva hasta el rio. Un nuevo cruce de frontera, otro día oscuro de cielo amargo. Este paso fronterizo al Perú se llama La Balsa, antiguamente no había puente para cruzar el rio. Aquí el tiempo parece haberse detenido, aunque creo que realmente no está detenido es que fluye muy lento. Tan lento que para nosotros es inapreciable su paso.


No llegan carros para salir de aquí, sellamos el pasaporte pasando por tres estancias diferentes, todo es lento. Aparece un motocarro y nos sube las bicicletas a la caja, entre mas barro llegamos a Nanballe, el tiempo pasa. Acá no encontramos quien nos lleve al siguiente pueblo, esperamos. Encuentro un camionero que irá a cargar ganado y se ofrece a atar nuestras bicis al techo del camión y llevarnos hasta Jaén. Le debemos de esperar un par de horas. Finalmente son cuatro horas leyendo en la pausada plaza de pueblo. Tito y el Negro llegan, la caja vacía de ganado y un gesto de cansancio.


Se ganan la vida con el comercio, llevan y traen, compran y venden, da igual que, casi todo vale. Con las bicis cargadas en la caja y después de un reposado almuerzo salimos dirección San Ignacio. No nos importa que se haga tarde ya estamos sobre el camión y nos evitaremos agarrar diversos transportes que debíamos tomar para llegar a Jaén, vamos directos y tranquilos. Inocentes de nosotros.


La carretera de este lado también está en obras y aquí empieza otra aventura. Cortes que nos retienen el paso durante horas, la lluvia que aparece, una carretera que se empina, un barro que se hace jabón y comienza el rally. El camión no puede subir, el resto de vehículos que van llegando se quedan atrapados, los pasajeros de los colectivos se agolpan a los lados de las carreteras, los autos vacios  aceleran de lejos, culebrean sobre el barro, la gente empuja, llega la noche y tres horas mas tarde conseguimos salir de allí. Montecarlo.
Seis horas para treinta kilómetros, Tito no puede seguir está agotado así que aparcamos al lado de un mercado, nos lavamos de la arcilla acumulada en la fuente y a dormir a la caja del camión. Aquí huele a aguardiente!!!.


Levantamos pronto con la esperanza de en un par de horas estar buscando repuestos para nuestras bicis, inocentes. Vamos al mercado a vender los restos de mercancía que quedan en la caja, luego a cobrar a las tenderas que deben, un desayuno en lo que esperamos al que vendrá a comprar el aguardiente, todo se sucede de modo perezoso y la paciencia sigue desarrollándose. Ya en carretera, por fin salimos, y ahora continuas paradas a negociar transportes de fruta, a vender la gasolina que llevamos de estraperlo, a comprar mil quinientos kilos de arroz, a……………… Veintiocho horas después llegamos a Jaén, hemos cubierto ciento cuarenta kilómetros en este tiempo, todo ha sucedido de modo tan espacioso que parece que llevo tres días viviendo esta vida de titiritero.

Peinando el arroz. Trabajo podal.

Por fin en Jaén y justo llegando están cerrando un pedido urgente a Lima, parece que nuestros repuestos llegaran pronto, el sábado, bueno no, el domingo, está el día del campesino por medio y es fiesta.


El camino continua y mis bielas se encaminan hacia regiones duras y remotas. Así lo he elegido, es un tipo de viaje en el que se equipara  sacrificio y  belleza. Quizás en algún momento deba rendirme y asumir nuevos caminos. Se que a cada instante envejezco, pero la ilusión no quiere cumplir años y retorna a diario, prontito, con el sol de la mañana.

Ceremonia de celebración de mi  primer aniversario en ruta.

Nunca pensé que pudiera redactar un viaje, que  llegara a plasmar todo ello en este diario que comparto con el mundo desde donde tengo la osadía de escribir lo que quizás no me atrevería a decir. La elaboración es lenta y es en esa lentitud donde la maceración de las ideas y de las imágenes te desgasta y te prepara para el parto, el nacimiento de una nueva entrada. Después del parto la cuarentena, un tiempo de reposo. Mis embarazos, mis cuarentenas y mis partos se hacen cada vez mas largos, mas dolorosos y mas placenteros. Quizás lo que me ayude a disfrutar este  dolor sean las altas dosis de metaforanfetamina que sigo tomando a diario en cada bocanada de aire puro. O quizás sea el ego que todo lo viste.
Gracias a todos los que me animáis a seguir pariendo.



Pero no quiero mundo ni sueño, voz divina,
quiero mi libertad, mi amor humano
en el rincón más oscuro de la brisa que nadie quiera.
¡Mi amor humano!

Quiero llorar porque me da la gana
como lloran los niños del último banco,
porque yo no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja,
pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado.
                
                                                            Federico García Lorca
                                                            Poema doble del lago Edem. Poeta nueva york



Desde mi cielo embarrado, donde su obligada lentitud me da lecciones de paciencia y rendición. Una elegancia de abrazo patas.


Mas de dos meses en el sur y no hablar de Román se me hacía duro. Mi incontinencia me lleva a compartir con vosotros estas líneas de su libro “Buscando el Sur”. Para mi biblia del viajero y culpable en gran parte de mi partida hacia estos mundos. En él relata su aventura de mas de tres años recorriendo suramerica a pie. Lo grande no es  lo que hizo, sino como lo hizo y para mi especialmente con que magia es capaz de narrarlo. Gracias Román por desnudar ante mi tanta humildad y sensibilidad al mismo tiempo. Espero algún día nuestras huellas se crucen de nuevo.


“Reproducir huellas sobre el mundo requiere renuncia de lo quieto, lo confortable, lo seguro, para aceptar vibraciones pastoriles que brotan acuciosamente desde la gruta interior del ser. Lo imprevisible es vida, aletea en cada recodo del camino, me espera con la daga del viento helado o con el crepitar hermano del fuego. Nada en este mundo sometido al trajín de la materia conduce al brillo. En el vestíbulo del placer dejo de ser esperpento, rompo los goznes y ando con sosiego: un morral moribundo, un callo en los pies y la tierra aguardándome con sus venas fluviales, su boca forestal y su espalda arenosa. Mi identidad no es mía, pertenece a este espacio integral donde los sueños tienen cabida, donde las voces se incineran y el silencio es nuestro padre.”
                                                                                   Román Morales. Buscando el Sur

martes, 19 de junio de 2012

Triple Cero. En el medio del Mundo



 Ecuador (Ipiales, Otavalo, Tumbaco, PN Cotopaxi, PN Chimborazo, Cuenca)  811 km, 11970 m+

Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.

                                                                                      
                                                                                      Miguel Hernández. Sentado sobre los muertos

Es su día de descanso y a pesar de la mala vibra que le transmite la ciudad el gringo la pasea  desganado, sin rumbo. Un mercado, un callejón, no se siente seguro. Toma la foto y cuando se da la vuelta se abalanzan sobre él. Hoja de cuchillo al aire, forcejeo, gritos, tropiezo, confusión y ..… rueda de reconocimiento. Se ha quedado sin cámara y con las rodillas magulladas.  Siesta y a seguir viviendo.
Al día siguiente dejo atrás Colombia con la sensación de haber pasado poco tiempo en este lindo país. Con el nuevo cruce de frontera llega ese cielo plomizo ya asociado al sello de pasaporte. Estoy en Ecuador.
Ciclo una bajada interminable donde la tierra me engulle literalmente para acabar en el fondo del valle. Es el valle del Chota, su población negra  junto con las construcciones me trasladan de continente. Sus habitantes descienden de los esclavos africanos que llegaron a Suramérica hace siglos. Parece ser que fueron traídos por los Jesuitas que andaban en esos negocios. 


Mis piernas a pesar del día de descanso están duras. La tensión no las dejo recuperarse. Pero como siempre en los momentos mas bajos aparece algo que te alegra el día. En el lateral derecho del camino aparece la hostería “El Oasis”. Sera una de esas que alquilan habitaciones por horas? me pregunto. No lo sé pero hay algo de ese lugar que me atrae, pregunto y nada mas lejos de la realidad. Por seis euros me regalo un día en sus piscinas, en sus frenéticos toboganes acuáticos y una cabaña para mi solito con un buen plato de espaguetis con salchichón. Por fin la paz y el descanso donde menos esperaba encontrarla.
Llevaba como seis semanas distanciado de la fotografía, casi sin disparar. Ahora que no tengo cámara veo la luz en todo lo que me rodea, los instantes aparecen en cada rincón. Mitigo este deseo tomando fotos con el celular. Quién me lo iba a decir a mi?. Maldita condición de desear lo que uno no tiene.

Quinua, alimento básico.

Me dejan una cámara y me voy solo al famoso mercado indígena de Otavalo. No quiero que la experiencia vivida se enquiste y pasar por este viaje atemorizado. Un trekking alrededor del cráter de la laguna Cuicocha con Juan y su familia completan el fin de semana.


El avance en el mapa continua y bien pronto, al amanecer, parto hacia Quito. El camino es largo pero intenso. En unas  horas llego al ecuador, esa línea imaginaria que divide el planeta en dos. Mis coordenadas son; latitud 0º, 0', 0"  No soy del norte ni del sur, soy un cuerpo inerte.


Casi un año en la ruta y he pasado sobre dos ruedas de la proximidades del Círculo Polar Ártico al Ecuador del mundo cruzando el Trópico de Cáncer. Increíble!!! Cuando en la escuela veía estos nombres en los mapas de tela colgados al lado de la pizarra lo flipaba. Mira ahora. 
Qué queda de aquel chaval que salió de casa sin un menisco que acababan de extirparle, con molestias, sin entrenamiento, gordito y sin medicar un hipotiroidismo que iría a mas con el paso de los meses hasta arrancarle las fuerzas en México?. De esa persona llena de ilusiones que jamás había montado sobre una bici cargada con cinco alforjas?, De aquella primera cuesta abajo para salir de la casa de Anchorage donde le vibraba el manillar por el peso y él se agarraba fuerte asustado?. De ese aventurero que partió con la idea de que quizás en quince días debería volver a casa porque el sueño de su vida en estas condiciones le superaría?. Ahora o nunca.

                                                                                                                             Foto Arthur

Llegando al kilometro cien del día un regalo (si se puede llamar regalo a 40 kilómetros mas). Abandono de la carretera para tomar una antigua vía de tren ya en desuso. Una hendidura abierta en la roca da paso a la senda, oxidados puentes de piso enrejado muestran el vacio bajo tus ruedas, lo profundo del estrecho cañón. Túneles en penumbra semiluminados por entradas laterales de luz excavadas en la roca se suceden y un derrumbe que corta el sendero me hace sudar la gota gorda para, empujando y resbalando la bici, poder atravesarlo. A la llegada a Tumbaco, pueblo cercano a Quito, me espera Santiago & familia. 

Ana Alicia y Santiago, gracias.

Santiago, amante del ciclismo, creó hace 22 años una casa de ciclistas viajeros. Vive en una antigua hacienda con su gran jardín y luminoso patio donde se encuentra mi habitación. Somos cientos de viajeros los que por aquí hemos pasado y compartido al  caer la noche, en su cocina, panecitos y conversaciones con sabor a leche con cacao. 

Francés, chileno, ecuatoriano, colombiano, español. Cocina, dormitorio, salón.

Santi trabaja en casa, tiene un  excelente taller  donde pude encontrar los repuestos que ya necesitaba. Así que Abisinia sonríe, sabedora que la van a cambiar el eje del pedalier, los rodamientos de los bujes, las roldanas del cambio trasero y además la van a  hacer un mantenimiento total. El primero en 15000 kilómetros, no esta mal. Hospitalidad extrema y mucho tiempo para compartir experiencias con todos ellos, también con Arthur y Héctor, ciclistas que llegan al mismo tiempo y con los que partiré camino del Volcán Cotopaxi.
Antes visita de rigor a la ciudad. Quito tiene buena energía y magia, además consigo de segunda mano una cámara parecida a la que tenía. 

 














Un durísimo sendero de calzada hace que tengamos que poner pie a tierra y empujar las bicicletas en el camino que nos dirige a la entrada del parque del Cotopaxi. Con la altitud ganada, los vientos y el frio aparecen. La noche nos sorprende en el camino, Teresa y Amable nos sirven café y conversación al lado de una hoguera. Un aterido madrugón con maravillosas vistas del nevado pintado por la luz del amanecer para darnos los buenos dias. A la llegada a la casa de los guardas del parque nos hospedan, mas tarde nos suben en auto al refugio de montaña a 4300m  con las bicicletas. Descenso con los cóndores observándonos y a la llegada la comida caliente sobre la mesa. Esto nos salva porque acá  no hay donde comprar y ayer en el saltarín camino se abrió una alforja para hacer desparecer la mitad de la comida que traíamos para dos días. La tarde discurre alrededor de la hoguera entre bromas y lecturas pero al anochecer aparecen unas piezas de ternera. Andrés no lo duda y salimos a la fría noche. Unos campistas nos brindan su chasca para cocinar esta carne y unos licores que han traído. Gracias Andrés y hasta luego Héctor.

Volcán Cotopaxi.

Los nevados me traen la sonrisa a la cara y la felicidad al alma. Cuando cae la tarde y me encuentro frente a ellos hallo la respuesta del porque durante tantos años caminé remotos lugares del planeta a su encuentro. Con la altitud viene el frio, mucho tiempo rodando por encima de los 3000 metros hace que la ropa de abrigo gane posiciones en las alforjas hundiendo el bañador al fondo. Estoy en los Andes de los páramos ventosos, de las montañas nevadas, de la falta de oxigeno al menor esfuerzo realizado.

No contento con esta vuelta por caminos destrozados y en altura, Arthur y el presente nos dirigimos hacia otro gran desvío. Estamos en la conocida avenida de los volcanes pero nosotros decidimos desviarnos y recorrerla por sus callejones. Vamos a agarrar una antigua carretera que discurre por un paisaje que bien  podría decirse asturiano. Un escarpado desfiladero porta la ruta siempre pegada al rio, posteriormente los verdes pastos ganan terreno y  nos deslizamos por una amable pendiente.  Eucaliptos,  vacas, humedad y un monte salpicado de caseríos en los que discurre el tiempo de forma lenta, suspendida, complementan el sendero. Llegado a un punto el camino decide liberarse del rio y abandonarlo. Se eleva cruelmente buscando el sol.


A vuelta de curva, repentino, ofreciéndose a mi vista vestido de domingo, el Chimborazo. Volcán inactivo de 6310 metros, cubierto de glaciares y adornado con un velo de nubes. Si el camino ya era lindísimo estas vistas nos hacen sentir una vez mas  privilegiados. Llegar a este punto con tu esfuerzo y que te obsequien con esta vista no tiene nombre. Un kilometro mas, último empujón, y  baño a la caída del frio atardecer en unas piscinas termales en medio del monte, queso de vaca recién elaborado casi sin tiempo para cuajar y platazo de arroz. Hoy con atún y ají. Es hora de descansar, comienza mi lucha por intentar dormir con esta falta de aire, nuestra tienda campa a 3800 metros.


Si frio era el atardecer helada es la mañana. Gentes de rasgos andinos cubiertos con sus ponchos, ataviadas con  polleras de color rodean la tienda. Han venido bien pronto a bañarse. Solo el intento de cada pedalada es duro, los pies del Chimbo nos esperan y la llegada al páramo trae vicuñas y un viento que te frena en seco. Luchamos para poder continuar, a 4400 metros cuando casi pensábamos que no podíamos seguir comienza un descenso que nos muestra las diferentes caras del gigante.


Los días venideros serán ya por una Panamericana casi solitaria. De los lugares, los caminos, las gentes poco mas puedo decir porque ya no encuentro palabras que no suenen a repetido. No me quedan mas frases de garrafón. Cruzamos la nariz del diablo, las lomas de Alausí, las nieblas de Chunchi, los vientos de Tambo,  y las lluvias de Cañar. Los bomberos son nuestro techo durante casi toda la semana. Siempre nos sentimos bien tratados y en ocasiones muy  bien cuidados.


Dentro de la gastronomía ecuatoriana de carretera hay dos famosos platos; el asado y el cuy. Uno es un chancho entero que asan y despiezan dejando para el final la cabeza. De este modo puedes verles poco a poco como avanza la mutilación. El otro el cuy, es una especie de cobaya. Plato muy preciado en la zona andina. Para mi hay un tercero, que son los quesos frescos de vaca que venden en las granjas cercanas a la ruta.


Los radios de Abisinia se enredan en el viento. Un aire acerado choca contra mi garganta quebrando como trozos de cristal el sudor acumulado en las continuas subidas. Al día siguiente me espera la lluvia remontando un paso  y posteriormente el descenso gélido que ya mata y remata todas mis defensas. Poco mas puedo hacer, necesito descanso de estos maravillosos siete días rodeado de montañas, engullido por valles que parecían infinitos, sin fin en su descenso.


Evitando las  ciudades, evitando como diría Lorca a las “mariposas ahogadas en el tintero”, a la llegada a la linda Cuenca nos alojamos en una aldea alejada 30 kilómetros. Acá vivimos integrados en los quehaceres diarios de esta comunidad indígena. Yo, lucho desde mi cabaña con muros de adobe, techo de paja y piso de barro con este resfriado que me vino a visitar hace tres días y me agota lentamente.


Este tramo por tierras ecuatorianas ha sido muy duro. Estoy cruzando el Ecuador de norte  sur sobre la cordillera andina. Eso implica continuas subidas y bajadas de grandes dimensiones, no existe el plano. Al desnivel has de añadirle la altitud, casi el 50% del tiempo estoy por encima de 3000 metros llegando hasta los 4400metros y por allí arriba cuesta respirar. Hay otros dos factores mas que hacen dura la rodada; los fuertes vientos que soplan ahora que es la época seca  y el frio que te deja la musculatura pasmada cuando recién levantas. Escribiendo estas líneas tomo consciencia de que todo esto solo se puede remontar gracias a la locomotora de la ilusión que todo lo mueve.

Ahora si, donde esta Wally??

El mapa de Suramérica en un tablero de parchís. Mis ex compañeros campean por él contando de seis en seis (de siete en siete, tienen todas las fichas fuera de casa) haciéndome imposible alcanzarles. Dejemos lugar al azar. Ahora comparto camino con Arthur, francés con el cual me complemento bastante bien. Tenemos ideas similares a la hora de vivir el viaje, llevamos un ritmo parejo  sobre la bici y nos damos espacio y libertad para hacer cada uno lo que queremos siempre desde el respeto mutuo. Además hemos caído al mismo tiempo en la adicción matutina de desayunar un par de platos por cabeza de avena con arroz y chocolate.


Tanto es lo que me da la vida que no me puedo quejar cuando algo me quita y menos si es una perdida material. Con esto no quiero justificar un robo. Solo quiero comprender el porqué y entender de quien es la verdadera responsabilidad para que  este mundo que recorro sea  tan injusto.
Cuando día a día me cruzo con gente pobre, gente que nunca tendrá ni una sola  oportunidad de salir de ahí, NUNCA en su vida. Cuando a diario veo esa gente que no tiene ni para quejarse, esa gente que a nadie preocupa. Comprendo que este sistema funciona gracias a su exclusión y  me hace entender que para que  yo pueda vivir como vivo cientos de ellos han de vivir en esas condiciones de abandono. El gringo se metió en la boca del lobo, apareció (sin saberlo) en un barrio marginal con su flamante cámara y el lobo le mordió. Quizás  esto no haya sido más que un acto de repartición de la riqueza. En resumen, no paseéis por el barrio del Chorro en Ipiales, detrás del mercado, es donde viven los rateros.

Para la gente un bastardo, para la poli un ladrón, para el patrón un plebeyo.
Que culpa tuvo él? que culpa tuvo nadie de nacer donde nació?
Para que luego le condenen y le exploten como a un cabrón.

Entonces, a quien matarías al padre o a la madre?
O a la puta sociedad que permite estos fraudes?
Siempre paga el mismo, siempre paga un Don Nadie.
Nacido del polvo de un borracho y de la satisfacción de su madre.

                                                                         La Banda Trapera del Rio.                                                                                                                         Nacido del polvo de un borracho y del coño de una puta.


Desde la cumbre de mi volcánico cielo, donde el hielo quema y el suspiro ahoga.  Un tenaz abrazo  mis guambras.